Si tu novio supiera…

18 02 2008

 

Si tu novio supiera… Ay, Ay… qué pasaría si tu novio se entera de todo lo que empezás a hacer inmediatamente después de darle ese tan cariñoso besito de despedida, cuando el pobre tipo se va a laburar…

Si tu novio supiera que dejás los jeans gastados y grandes, para calzarte el jean apretadito y que deja muy poco librado a la imaginación…

Si tu novio supiera que dejas de lado la remera de esa bandita que a él le gusta, y te ponés esa remerita rosada que dejan a esos 105 a punto de escaparse hacia la libertad, y a cada tipo que las ve, al borde de un colapso cardíaco…

Si tu novio supiera que a él le vendiste el buzón de una virginidad que te quitó ese profesor de la secundaria que te llevaba 34 años…

Si tu novio supiera, que todo lo que él cree que es capaz de comprarte con una billetera abultada, no alcanza para evitar esto…

Si tu novio supiera… que cuando él se levanta los sábados a la mañana, vos no vas a ver a tu amiga… sino que venís a pasar el día entero a mi casa.





¿Cómo llegaron el Sol y la Luna al cielo?

13 02 2008


Hace muchos años, el Sol y la Luna vivían en la tierra. Eran una pareja muy feliz y no necesitaban de mucho para serlo. Cuando Dios los creó, los dejó juntitos, porque él veía como se querían. Su amor era muy fuerte como para separarlos. Pero…un día, Dios le dijo a la Luna que se tenía que separar del Sol. Ella tenía que estar alumbrando a esas almas de noche, mientras que el Sol, daba toda su energía de día. La Luna le contestó que no, que ella no se podía separar de su amor. Dios le contestó que las distancias no hacen perder el amor que uno siente por el otro. La Luna lloró, lloró y lloró, pasó días llorando. La tierra se iba cada vez más y más, mientras ella lloraba por su amor, inundándola. Su amor, el Sol, no sabía cuál era el motivo por el cual la bella Luna lloraba. La Luna no le quería decir nada, pues no quería ver a su amor estar mal, pero ella, lo único que podía hacer era vivir los últimos momentos junto a él, y…llorar. Fue así como tuvieron que subir cada vez más y más arriba, dado que todo se estaba inundando, ya que ella no paraba de llorar. Es así como llegaron, a un lugar bello, hermoso, llamado cielo. No sabían en donde estaban. Sólo lo apreciaban. Ella pensaba si ahí, se iban a separar como le había dicho Dios: “yo te voy a avisar cuando te tengas que separar, aprovecha, vive el presente, disfrútalo”. Es así, como de repente, apareció Dios, entre unas paredes que parecían de algodón, suaves, blancas, a las que llamaba nubes; diciéndole al Sol que se iba a tener que separar de su amor, el de día, ella de noche, “eso significa que no nos vamos a cruzar más, no la voy a ver nunca más”, dijo el Sol. “Sí, estás en lo cierto”, le respondió Dios. “No, no puedo, no voy a dejar a mi amor irse, se fueron muchas cosas de mi camino, las dejé ir, no las supe aprovechar. No voy a permitir que nos separes”, le contestó el Sol a Dios (en ese momento entendió el Sol por lo que lloraba la Luna). Dios le colocó un brillo a cada uno.
Ninguno pudo hacer nada para evitarlo. El Sol de día, la Luna de noche. Dos almas, dos corazones separados por el creador.
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Ella y su andar

12 02 2008

Entro a la pizzeria, camino hacia la mesa a la que me iba a sentar y, por esas cosas que tiene el accionar humano, levanto la vista por sobre mi hombro izquierdo. Y ahí estaba ella. Ni más ni menos; ella. Con ese andar tan inconfundible como la derecha del Enzo. Ese andar calmo pero seguro. Anestésico pero sugestivo. Sin pausa pero seductor. Tanto como el andar de un tren, o de una babosa, pero el caso es que ese caminar por nada se detiene. Ya pasaron más de seis años, y sin embargo, no olvido su paso. Ni su sonrisa. No olvido cómo se acomoda el pelo. No olvido lo que me gustaba de ella hace seis años, y lo que me gusta de ella hoy. Nos vemos en el colectivo. En Palermo, en pleno centro. En Pilar, en Del Viso. Nos cruzamos en todos lados. Aún así, nos cruzamos pero no nos vimos. Aún así, y después de más de seis años, parece que todo cambió para que nada cambie.