El día que dije que no

28 03 2008

 

Nunca me pensé, nunca me imaginé diciendo que no. Pero ese día llegó. Ya en el filo de la medianoche, dije: “NO”. No a salir con “Sra. X”. Nunca me imaginé diciéndole que no. Ni a ella, ni a ninguna mujer en particular. Por mi condición de hombre heterosexual, por lo mucho que me gustan las mujeres. Nunca me lo imaginé. Ni en el tiempo que ella y yo éramos la envidia de todos nuestros conocidos, y hasta de los “vecinos” del telo, ni hasta hace unos días, cuando pensé que me iba a volver a encontrar con ella. Pero pasó. ¿Por qué? Difícil dar una respuesta concreta. Es probable que un par de personas que me conocen bien, si leen esto, firmen y puedan explicarlo mejor que yo. Abriendo un poco más la cancha, los que leen con cierta frecuencia lo que escribo, sabrán leer entre líneas, y sabrán dilucidar un poco mejor el nombre de la persona. O por lo menos, el por qué del nombre que le doy acá.  

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Primera clase del semestre

19 03 2008

Salgo de la oficina, corriendo para llegar a tiempo. No me alcanza. Llego 15 minutos tarde. Entro. Es más chica que la cocina de mi casa. Bastante más chica. Seremos cerca de 25. Máximo 30. Más el profesor y sus 3 ayudantes. Estoy sumamente preocupado por el calor que hace acá adentro. Si afuera está haciendo 29 ºC, acá debe estar haciendo unos 42º. Sin exagerar. No hay viento. La humedad pega las fosas nasales. ¿En este antro voy a tener que pasar mis días hasta fines de Junio? Es el confinamiento en su máxima expresión. Cuando hablan de hacinamiento, de superpoblación carcelaria, deben estar hablando de esto. Tranquilamente podrían estar hablando de cómo se dan clases en la UBA. 30 personas encerradas entre 4 paredes que le dan al aula una dimensión máxima de 6 x 3 mts. Sin ventanas. Sin aire acondicionado. Ni siquiera un ventilador de techo. Nuestra única opción para seguir respirando es dejar la puerta abierta (y digo “la” porque la otra mitad está atorada con algo). Seguí leyendo acá





¿Eligiría compartir un techo con una mujer, si los chicos nacieran en un árbol?

14 03 2008

Si elegiría vivir con una mujer si los pibes cayeran de los árboles, cual fruta madura?

Y uno va caminando por la vida, ve que cada árbol que adorna el camino tiene, bajo su copa, cual manzana de Newton, media docena de infantes. Entonces vas, elegís al que más te gusta, hasta por afinidad lo podes elegir. Lo levantas, lo miras, le haces una mueca y si te la devuelve y ves esa sonrisita tierna, te lo llevas. Aunque contás con el adicional de “garantizado, o devolvelo en el próximo árbol”, a prueba de falsificadores de emociones.

Toda esta perorata para saber si compartiría el techo con una mujer, si esta fuese la manera de tener hijos… y sí, la respuesta es sí. Más allá de que alguno lo pueda poner en duda, que diga que los tipos sólo pensamos en una cosa, y que estoy siendo demagogo. Buuuuuu!!!! A los “cuadraditos” estructurados que dicen eso. ¿Cómo negarse al placer de compartir el día a día, noche tras noche, con la más linda de las creaciones del Barba? Verla despeinada cuando recién se levanta, con ojeras, ojos achinados. Hacerle un café mientras camina con su ropa de dormir preferida por la casa…

Imposible negarme. Aunque los pibes caigan de un árbol. Es más, si llegan a caer de un árbol, los voy a buscar con ella.