Nuestros gobernantes (los de Argentina, digo)

27 04 2008

¡Ay, Argentina! ¡Qué sorpresas que me das! Ya me tenías desacostumbrado, después de cuatro años de “estabilidad”, que ahora te despachas con 3 ministros en 6 meses. Está bien, dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece… y es verdad. No nos podemos quejar. Argentina, esta vez te pasaste, la verdad. Ahora nos diste una linda Presidente para entreternos. Cambia ministros, y pone a donjuanes que poco saben lo que hacen. Todos los cargos importantes son ocupados por abogados: este gobierno ya se parece a los Tribunales. ¡Aflojen con los hombres de saco y corbata, pingüinos! Se incendia un campo, ¿y qué hacen nuestros gobernantes? ¿Apagan el fuego? ¡No, no señores! ¿Para qué? ¿Para cumplir con su responsabilidad? ¿Para cumplir los objetivos para los cuales fueron elegidos por el voto popular? ¡No! Esperamos a que llueva. Sí, sí. Esa es la mejor opción. Como no tenemos aviones hidrantes capaces de apagar un fuego, se lo dejamos para que el Barba lo apague cuando le venga en gana mandarnos algo de agua para estos pobres mortales que vivimos al Sur del Ecuador. Mandan bomberos a que apaguen un incendio forestal con una mochila con 20 litros de agua. Seguí leyendo acá





Anoche un Ministro; hoy, otro

25 04 2008

Ayer me fui a dormir, y la Argentina tenía un Ministro de Economia. Hoy me levanto, y ¿qué pasa? Hoy tenemos otro Ministro distinto. Me parece importante que los que ni son argentinos ni viven en Argentina sepan que este es el tercero que tenemos en los últimos seis meses. Este nuevo ejemplar que se supone que asume hoy, no lo conoce ni la madre (no me la quiero agarrar con este pobre ñato, que de buenas a primeras lo mandaron a que se siente en el sillón para mantenerlo caliente). Como país serio que somos, no importa que nadie lo conozca. No importa que tenga conocimientos de Economía. No importa siquiera que sea Economista. Total… ¿para qué queremos que un Economista maneje los rumbos de nuestra economia? Si así nos va bien. Nos va muy bien. ¿O no?

Eso suena tan alocado como si le pedimos a un arquitecto que construya nuestra casa, o a un carpintero que elabore nuestro próximo sillón ¿A quién, en su sano juicio, se le ocurriría darle un cargo político a alguien que sea especialista en esa cartera? ¡Ah! Me olvidaba de una cosa: no vivo en ningún país del primer mundo, sino en Argentina. Donde es más importante quién está sentado en el asiento de Ministro de Economía que en el de Presidente. A la muestra está, que nuestra “querida” Presidente pasa sin pena ni gloria (aunque últimamente con más pena que gloria), haciendo bochornos por acá, y bochornos por allá.

Por ahí como el Sr. K, que aparentemente digita todo lo que pasa en La Rosada desde el más allá, quiere que nos parezcamos a Francia, Alemania, Suiza, etc., nombra a un ignoto como máximo referente de la cartera de Hacienda, para ver si su señora esposa logra “un poco más de vuelo” y remonta su imagen. Por ahí no quieren alguien que piense manejando los billetes. Alguien que opine diferente a ellos, y por eso se llevan a un hombre funcional a las ambiciones pingüinas.





Burguis y su política acerca del lavado de cerebro

12 04 2008

Otra vez… Burguis. Burguis me puede. Es sábado. Se supone que descanse, pero lejos de eso, viajé lo mismo que el resto de los días. A la mañana, mi hermosa gata siamesa, con sus dos ojos tremendamente azules y saltones, me despertó con su infernal y agudo maullido, lo que ya hizo que me levante con los tapones de punta. Así que, sin más remedio, me levanté y fui a buscar mis nuevos anteojos. Hice alguna que otra diligencia que me ocupaba. Y vine para acá. El mismo local en el que almorcé con Lu (en algún momento del futuro, puede ser que suba el largo diálogo entre la terrible morocha y yo, para que entiendan un poco mejor algunas cosas que cuento), el mismo local en el que les conté la otra vez los retos de una chica con aires dictatoriales hacia otra, supuestamente “rebelde”. Se supone que iba a almorzar con Maru, pero me dejó con un hermoso plantón al lado mío. Así que mientras como solo, veo un par de cosas que me siguen llamando la atención sobre este lugar.

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¿Preso por 13 años, o 13 años preso?

8 04 2008

Cómo podía llegar a imaginarme que, detrás de esa puerta, ibas a estar vos. Que me iba a encontrar con semejante chocolate suizo. Ni bien abrí la puerta, encabezaba la fila de incipientes visitantes que hacían pie ancho en la casa del cumpleañero. ¿Pero de qué pie ancho hablo? Si cuando te vi, se me cayeron los calzoncillos. Si no nos presentan, ni me acordaba de mi nombre. Si ni siquiera atiné a darte un beso; te lo di porque me empujaron y mis mejillas chocaron con las tuyas. Me quedé temblando en cuanto te di el beso, mirándote como un nene, el prominente escote que tenías puesto. Es increíble, como tanta grandeza y qué sé yo, se fueron al carajo en 2 segundos. La cena empezó, y me senté en la otra punta de la mesa. Pero no me sacabas los ojos de encima… Cada vez que levantaba mi vista, ahí estabas vos, con tus ojos café taladrándome el cerebro. No me sacabas la mira telescópica de encima; me sentía como la próxima víctima del SWAT. La cena, entre risas y anécdotas, transcurría en forma llevadera. Pero cada vez que giraba mi cabeza hacia la derecha, ahí estabas vos. Con tu 1.58 de altura, morocha de pelo lacio, con esa mini de jean que solamente me permitía pensar en lo mucho que me gustaría sacártela. Uy! cómo querés que no te mire, me diste vuelta como una media, tan sólo con la mirada. Ay, nena, nena… las cosas que te haría si te tuviese toda para mi, entre 4 paredes. Reescribiría la historia con vos a mi lado. La historia del Kamasutra, obvio. Lástima que el precio de mi cabeza cotizaría en Wall Street con sólo ponerte un dedo encima. Me convertiría, no sé si en el “enemigo público Nº 1″, pero seguro en el “enemigo de la famlilia C… Nº 1″. Pero si aceptás intercambiar dos palabras conmigo, voy a lograr que salgamos. Y si logro que salgamos, iré “a parar, a la Comisaría” (como dice un tema por ahí) y tus viejos, tu hermana mayor, tu primo y vaya a saber cuántas personas más, me querrán encerrar en Alcatraz, pero pienso hacerte todo lo que tengo ganas de hacerte. Y ahí sí, me iría feliz adonde sea, hasta con el Rey de las Tinieblas, si ese es el precio a pagar.





El Burguis de Plaza Italia y yo

1 04 2008

Hace unos días fui a una casa de comidas rápidas. A la misma a la que fuimos con Lu hace unos sábados. Digamos que se llama: “Rey Burguis”. Burguis para los amigos. Burguis me encanta. Sé que su comida es una porquería. Que me hace mal. Que para mi acné es como que a Osama le den la clave de la alarma del dormitorio de “Mr. Danger” (parafraseando a Mr. Chávez). Así y todo, Burguis me encanta. Los pibes corretean de lado a lado sin parar. Gritan, lloran. La carne seguramente no debe ser vacuna. Mejor ni cuestionarme si es vacuna, o ratuna (sé que es una bestialidad, pero es con el mero objeto de ilustrar). Igual me encanta.

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