Nuestros gobernantes (los de Argentina, digo)

27 04 2008

¡Ay, Argentina! ¡Qué sorpresas que me das! Ya me tenías desacostumbrado, después de cuatro años de “estabilidad”, que ahora te despachas con 3 ministros en 6 meses. Está bien, dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece… y es verdad. No nos podemos quejar. Argentina, esta vez te pasaste, la verdad. Ahora nos diste una linda Presidente para entreternos. Cambia ministros, y pone a donjuanes que poco saben lo que hacen. Todos los cargos importantes son ocupados por abogados: este gobierno ya se parece a los Tribunales. ¡Aflojen con los hombres de saco y corbata, pingüinos! Se incendia un campo, ¿y qué hacen nuestros gobernantes? ¿Apagan el fuego? ¡No, no señores! ¿Para qué? ¿Para cumplir con su responsabilidad? ¿Para cumplir los objetivos para los cuales fueron elegidos por el voto popular? ¡No! Esperamos a que llueva. Sí, sí. Esa es la mejor opción. Como no tenemos aviones hidrantes capaces de apagar un fuego, se lo dejamos para que el Barba lo apague cuando le venga en gana mandarnos algo de agua para estos pobres mortales que vivimos al Sur del Ecuador. Mandan bomberos a que apaguen un incendio forestal con una mochila con 20 litros de agua. Estoy convencido de que eso lo va a apagar. También usan machetes para apagarlo. Veo a un tipo tratando de apagar el fuego con la rama de un árbol y no sé si reírme o llorar. Aunque me dan más ganas de esto último. ¿Puede ser que tengamos un Gobierno tan, pero tan… incompetente? Y no me digan que el fuego se apaga así, como me dijo mi Doña Madre. Porque puede tener razón, con toda su sabiduría a cuestas. Pero así se apaga el fuego que alguien inicia cuando está de campamento. Así no se apaga un incendio forestal de 70.000 hectáreas (casi 173.000 acres).

Igual, todo muy lindo. Todo bien argento. No saben qué pasó. No saben cómo se inició. Pero si saben algo, hay una sola cosa de la que están completamente seguros nuestros gobernantes. A alguien hay que culpar. Y salen cual caza de brujas, a buscar con quién se pueden pelear. Salen a enganchar a algún perejil (disculpas a los reales perejiles) que sea buena presa para los dientes de la pingüina y sus secuaces. ¿Y quién cayó? El campo. Los productores del campo. Los que, en definitiva (nos guste o no, ese es otro tema), le dan al país la plata que tanto nos gusta tener. O decir que tenemos.


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