Perdiendo a Cecilia

10 05 2008

Sentados en esa cafetería en Recoleta. Qué sensación más rara. Vos, un café con leche; yo, un exprimido de naranja. Es la primera vez que siento fehacientemente como se me escurren entre los dedos las chances de salir con una mujer, en vivo y en directo. Sin mail. Sin msn. Sin nada de por medio salvo la mesa del Café Mónaco, en los Village Recoleta. Fue una sensación impresionante de impotencia, realmente. Porque sabía que te estaba perdiendo antes de tenerte, y  no pude hacer nada. NADA. Es raro eso de “perderte sin tenerte”, porque pensaba que no se puede perder algo que no se tiene. Pero créanme que sí se puede.

Como un piloto que sigue de largo en una curva, y sabe que el choque contra el muro de contención es inevitable. Así fue como me sentía. Como ese equipo que sabe que es inevitable irse al descenso. Tan inevitable como que una fruta se marchite. Tan inevitable como que aparezca la celulitis en ese cuerpo que en la secundaria me dejaba sin aliento. O como que a mi gato le dé hambre cuando me ve comer a mí. Tan inevitable como todo eso junto.

No pude hacer nada. Sabía que iba a estar nervioso. No sé por qué… o sí. Sí sé por qué, pero disculpen que acá no lo diga. Igual, es un secreto a voces. En el post “Los nervios me comen” está dicho. No sé si tan explícitamente, pero está dicho. Tienen que saber buscar. No es muy difícil dilucidarlo. El por qué de mis nervios está escrito en ese post. Con todas las letras, lo saben mi psicóloga, y mi prima. Son las únicas dos personas que lo saben.

La cuestión es que fui con la idea de hacerte reír, tanto o más que lo que lo hice por mail y teléfono. No lo logré. Salió una charla seria. Para mi gusto entretenida. Pero seria. Ocasionales sonrisas iluminaron esa carita de ángel que tenés. Hablamos sobre nuestras familias (la tuya más que nada), sobre lo mucho que te gusta bailar, sobre ese ex que te arruinó la vida (según tus propias palabras), y sobre algunas cosas más…

Ustedes, mujeres, tienen que tener en cuenta una cosa: los hombres también nos ponemos nerviosos cuando salimos con alguien a quien le queremos causar una buena impresión. Si no me creen, les dejo un cronograma con un par de puntos, para que vean mi preparación (empieza desde que salgo de la oficina, porque pierde sentido que aclare lo que hice antes. Se aburrirían). Vale la pena aclarar que en lugar de irme directamente desde el trabajo, opté por salir puntual del trabajo, irme a mi casa, hacer lo que detallo a continuación y después irme al encuentro, para estar “más presentable”:

 

·        17.35 hs: salgo de la oficina corriendo. Me está esperando el remis en la puerta del edificio. Una mujer descontrolada y sumamente apurada por llegar a tiempo a su casa para ver su programa de espectáculos favoritos le raja una puteada gigante al remisero.

·        17.40 hs: llego a mi casa (sí, en auto llego muy rápido de casa al trabajo y viceversa).

·        17.45 hs: ya saludé a mis 3 mascotas y tengo la ducha abierta para que el agua vaya haciendo ese vapor tan relajante.

·        17.50 hs: entro a la ducha.

·        18.10 hs: salgo de la ducha (¡sí, tardo 20 minutos! ¿Y QUÉ?)

·        18.20 hs: ya me puse desodorante (mucho, y x 2), uno porque me gusta el perfume y el otro porque es antitranspirante; perfume; desodorante para pies; me cambié calzoncillos, medias, pantalón, camisa, pulóver, campera y zapatos (todo seleccionado desde el domingo, inclusive los zapatos lustrados e inmaculados desde ese día).

·        18.30 hs: vaso de leche, con azúcar y cereales.

·        18.45 hs: tomo el colectivo en Pilar.

·        19.40 hs: bajo del colectivo en Plaza Italia.

·        19.55 hs: me encuentro con la señorita en cuestión.


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Un comentario

10 05 2008
Paula

Nico, sos tan expresivo con cada de una de tus palabras, que es como vivir una novela diaria todo lo que escribis, porque sinceramente se nota el poder de tus palabras en cada detalle y es como si uno mismo estuviese viviendo las historias que vos contas.
Segui asi!

Besos

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