“Sos frío. No tenés corazón. Estas acostumbrado a que no te mimen”, así empezó el sermón final de la groupie. “Fue sin querer. Disculpame. Pero soy así”, le dije. Y entre lágrimas, abrazos y tibios besos en la mejilla, nos despedimos.
Así terminó mi fugaz semana con la groupie. Fue una semana intensa. Saliendo de la facultad para meterme toda la noche en el departamento de su amiga. Corriendo de acá para allá para poder verla.
No puedo decir que no tenga razón. De hecho, no le pude decir nada más que “disculpame”. Salvo por lo de que no tengo corazón, tiene razón en todo. Corazón tengo, sí. Grande y, a riesgo de pecar de vanidoso, hasta bondadoso. Por ahí no aflora con mucha frecuencia. O tanto como quisiera. Pero sí: definitivamente está.
¿Por el resto? Qué puedo decirle. Es verdad: no estoy acostumbrado a que me mimen. Me gusta por momentos. Pero no mucho. Si me siento acorralado, me escapo. Soy frío, distante. Lo reconozco. Me cuesta hacerme a la idea de que me lleven el desayuno a la cama, que me preparen tostadas con mermelada. Me cuesta la idea de salir del trabajo/facultad e irme a un departamento, en el cual una chica de mi edad va a estar preparándome unas pastas para cenar. Me cuesta todo eso. Me cuesta y no sé si alguna vez lo aprenderé a tolerar. Me cuesta y no sé si quiero aprenderlo. Me jode mucho que me estén controlando. Que me llamen a cada rato. Que me mensajeen 5 veces en una hora. Que cuando prendo mi celular, tenga 4 llamadas pérdidas de la misma persona. No me gusta, y me cuesta acostumbrarme a eso. No sé si es lo que quiero. Me parece que, para que yo acepte ese tipo de trato, la otra parte tiene que encajar en forma tan perfecta conmigo, que me cuesta imaginarlo.
Es así. Es una lástima que sea así. Soy conciente de lo que estoy diciendo. Y me imagino que mucho no le gustará a la gente que pueda leer esto. Menos todavía, que le pueda llegar a gustar a la gente que crea que puede gustarle salir conmigo. O tener algo conmigo.
Esto, mis queridos/as lectores/as, es así. Si alguien quiere salir conmigo, podemos salir, no tengo ningún problema (mujeres solamente, por favor). Pero tienen que saber con lo que se van a encontrar. Están advertidas. Más allá de esta línea, es su total y absoluta responsabilidad.
Las firmas