3000 visitas

30 09 2008

 

¡3000 visitas! ¿Quién lo hubiese imaginado? 7 meses después de abrir este blog. Es una locura. Realmente es algo increíble. Me cuesta imaginarme que entraron 3000 veces a leer lo que tenía para decir. Cuando empecé a escribir en este espacio, sinceramente no esperaba llegar a tantas visitas. No esperaba llegar a 3000 ni siquiera en 3 años. Si bien reconozco que WordPress tiene un target totalmente distinto al de Blogspot, es indudable que algún tipo de boca a boca se está dando con lo que escribo. WordPress parece tener un público que lee más, y hasta en cierta medida, más “profesional” que Blogspot, que tiene un público que parece, a simple vista, algo más “amateur”.

    No puedo evitar continuar diciendo que si bien ya todos estamos familiarizados con el alcance de internet, me resulta sumamente raro y gratificante a la vez saber que me leen desde otros países. Saber que en: México, España y Chile me leen y les gusta lo que leen. Que algún latino en EE.UU. también me lee. Que más allá de las diversidades culturales, políticas, sociales y hasta étnicas que podemos tener, compartimos un mismo lenguaje: el español. Que a mi entender es el más hermoso y rico de los lenguajes. Me gusta ver como, a pesar de tener diferentes términos para denominar una misma cosa, nos comprendemos.

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Everybody loves Bachi

8 09 2008

 

Es una sensación rara saber que todos hablan bien de Bachi. Hasta Cecilia, con la que conviven hace casi dos años y con la cual ya tienen fecha para el civil. Cecilia y Bachi llevan 3 años saliendo; dos conviviendo y, Cecilia en particular, 1 año y 8 meses saliendo con el jefe de otro sector de la empresa donde trabaja.

 

“Bachi salvó a un bebé en el incendio de la semana pasada”, dice una chica. “Gracias al gol de Bachi estamos en semifinales”, dice uno de sus compañeros de fútbol. A todo esto, ¿qué dice Cecilia? “Amo a Bachi”, dice Cecilia. Alguien dice que puede ser cierto. Sinceramente, no lo creo. Creo que Cecilia ama la sensación de seguridad que tiene con Bachi. Pero amarlo, lo que se dice amarlo, no. No lo creo. De ninguna manera. Sino no haría de Bachi el blanco predilecto de miradas de todas sus amigas, que saben lo que hace Cecilia en su trabajo. Lo que hace en el baño del trabajo. Y que, como dice aquel dicho, “el que calla otorga”. Sus amigas callan. Sus amigas otorgan…

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Los cuernos de Bachi: Cecilia y su amigo contador (de vellos)

1 09 2008

La verdad que, viendo a Cecilia, algún desprevenido me podría haber comentado “lo buena mina que es”. Lo buena amiga o lo buena novia que ella es. Pero eso es lo que diría algún desprevenido. A mí, gracias a algún Santo protector que todavía se apiada de mi alma, eso no me pasa. Y Cecilia no me termina de “comprar” con esos ojos redondos como dos huevos fritos, y su boca gigante, capaz de tragar un melón de una sola mordida. No. A mi, eso no me pasa. Me pasarán muchas otras cosas. Pero ”comerme” una mentira de este tipo, no es una de ellas. La sonrisita falsa de ella no me la tragué. Nunca. Desde la primera foto que vi. Después, confirmé las sospechas. La primera vez que la vi pensé: “qué pinta de rápida que tiene está mina”. Pero como el nexo entre los dos no paraba de decirme todo lo contrario, supuse que debía estar equivocado. Que era una más de las tantas boludeces que pienso. Pero no. No sólo no estaba equivocado, sino que estaba tan en lo cierto que, cuando me enteré, no podía comprender cómo hacía su novio Bachi para pasar él, con sus cuernos, por la puerta. Bachi era un cornudo. Pero cornudo cornudo. Con todas las letras. Con todas las de la Ley. Con todas las del abecedario. Con todas. Pero TODAS.

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