El llanto de los hermanitos

26 01 2009

 

Cuando a veces veo en la calle, en un local, en cualquier lado… a una madre que no le tiene mucha paciencia a su hijo, me pongo a pensar por qué hay personas que tienen hijos si después los van a tratar así. Hacerlos es la parte más divertida. La cuestión está en hacerse cargo y cuidarlos después.

Hoy vi un claro ejemplo del párrafo anterior. En un Burguis, una madre se libra de la mismísima responsabilidad que conlleva ser madre: dos pequeños, una nena que no tendría más de 4 años y un niño de aproximadamente 6, correteaban por el local gritando sin parar. Entraban y salían del pelotero, poniéndose a hablar con otros chiquitos que estaban junto a ellos con una simpleza que merecería un post aparte, y que todos los grandes deberíamos envidiar. Ellos se presentan, van y vienen. Cada uno le cuenta con euforia a su madre que tiene un nuevo amiguito. Son dos las madres que veo. Una, responde con tono alegre al comentario de su hijo y le sigue la corriente, inclusive cuando el chico va y vuelve del pelotero. La otra madre, cuando el anteriormente presentado amiguito se transforma en presentador, levanta la vista del periódico que está leyendo, lo observa y vuelve a bajar la vista para seguir leyendo la sección de Espectáculos, restándole importancia con un ademán insignificante. Sigue leyendo, pone los pies arriba de la silla. Ahora tiene que leer la columna de chimentos.

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La costumbre del ahorro

20 01 2009

 

Esto pasó a las 13 hs de un viernes de verano, en Buenos Aires. Cometí el “error” de usar el transporte público, y de tomar un colectivo que no tenía ventanillas móviles. Por ende, dependía sí o sí de que la ventilación funcione. Quedando un solo asiento donde sentarme, no tenía muchas posibilidades de elegir. Lamentablemente para mi olfato, mi estomago y mi humanidad, la ventilación forzada de este colectivo no funcionó como debería. O por ahí sí. Pero la calidad y cantidad de la transpiración del pasajero al lado del cual me tuve que sentar hicieron que el aire acondicionado sea como tratar de tapar el Sol con la mano.

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Cuentos navideños (1)

12 01 2009

Las fiestas son una época rara. Son esos momentos en que todo aquello que el resto del año parece imposible de ver se vuelve posible. ¿Será por eso que se hablan de “milagros navideños”? Es el momento en que un apostador novato podría perder hasta sus calzoncillos, o uno experto podría ganarse hasta la Luna misma. Es raro, pero suele ser así… por lo menos en la gente que conozco (son bienvenidos los comentarios al respecto). Es como si, en ese momento, fuese posible ver sentados en una mesa a judíos y palestinos. A Mr. Danger y al Sr. Laden (más allá de cuando se sentaban en la misma mesa a cerrar acuerdos petroleros).

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Mi álter ego

1 01 2009

 

De todo lo que me pasó el año pasado, creo que lo que más rescato es el haber encontrado a mi álter ego. El haber encontrado a mi otro yo… en version femenina (no es que esté adentro mío, o que me haya encontrado con mi lado femenino, sino que encontré en una mujer, esa representación). Una persona que me entiende, que me escucha, que me habla y cuando debe, me contradice. Está bueno esto. Realmente, no sabía cómo sería. Pero es como tener a una hermana menor que es capaz de darme una palabra justa en el momento justo. Una palabra de aliento, o un reto en esos momentos en que se necesitan un aliento o un reto.

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