Carta abierta a Lucía

12 10 2009

Buenos Aires, Octubre de 2009

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¡Ay! Lu, querida… prometí no escracharte con segundo nombre y apellido, porque se disminuiría drásticamente la cantidad de personas a las que va dirigida esta carta. Así que, como caballero que me considero, voy a mantener la palabra. Sí, como te lo aclaré, voy a poner que sos vos, Lucía. De todas las Lucías que pueda conocer y que me conozcan a mí, vos sos la única con la que hablé esto. Creeme que sos la única.

Qué complicado que es sentarme delante tuyo, Lucía. Qué duro que es decirte cuánto me gustás. Y cuánto te quiero. ¿O acaso no te diste cuenta de que eso era lo que estaba intentando decirte… un “te quiero”?

Podrás ponerle el nombre que quieras. Las letras que se te ocurran. Será “mecanismo de defensa”, “barrera emocional”, “cápsula psicológica”… cómo más te guste. Sinceramente, nunca fui de los que se sirven de un rótulo para después darle rienda suelta a lo que sigue. Así que el nombre de tus mecanismos, te lo dejo a vos. Ahora… vamos a dejar algo en claro: vos podrás tratar de disimular TODO lo que quieras. Ocultarme información, ponerte la manito cubriéndote la boca, taparte con las dos manos la cara, dejar los dedos entreabiertos y mirarme por la rendija que dejás entre ellos.

La verdad que mientras te veo tratar de ocultar tus emociones con esas manos tan chiquitas, lo primero que me da es ternura. Después, me divierto. Es inevitable sentir esas dos emociones recorriendo mi cuerpo. La primera, porque tu forma de ser encaja tan a la perfección con la mía que me dan ganas de ponerte en mi mesita de luz y mirarte cada día, por el resto de los días; la segunda, porque cuando veo cómo tratás de ocultar lo inocultable me da mucha gracia. De verdad sos muy graciosa. Insisto en que algún curso de actuación no te vendría para nada mal. El país se pierde una gran actriz. Haceme caso. Yo te escribo los guiones, si querés.

Cuando, como dije recién, tratás de taparte la boca para que no vea esa mueca que hacés con el costado derecho de tu boca. Te tapás la cara, pero como tenés el cuello destapado, se nota demasiado cuando tragás saliva y lo nervioso que está hasta tu cuello, signo inconfundible de lo que sentís.

No me quiero extender más en esta carta para vos. Por lo menos en este espacio y en este momento. No pretendo aburrir a mis lectores. Pero todos, lectores y Lucía, tienen que saber que hay más cosas que no digo en esta carta abierta. Que no digo por distintas razones. Y que espero algún día, poder venir, sentarme delante de la computadora, empezar a escribir y poder contárselas, para que todos ustedes las sepan, porque seguramente les van a gustar. Ojalá que algún día aceptes salir conmigo. Sin “novio”… sin “papeleta”… sin “rótulos”. Simplemente salir. Saber cómo nos llevamos. Eso sólo pido… ¿será mucho?

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………Que termines bien tu día,

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…………………………………………. Yo

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