¿Y? ¿Se terminó el mundo?

Y el mundo no se terminó. Como me tenían las bolas hinchadas con el 11/11/11 a las 11:11. El día llegó, la hora llegó. ¿Y el fin del mundo dónde está?

Los pelotudos que se fueron al Uritorco deben estar bajando el cerro rodando, para disimular tanta idiotez junta. Y ni hablar de las viejas que acabo de ver en la tele, que fueron al Planetario a estirar los brazos. ¿El Planetario es un lugar místico? ¿Como es redondo se supone que es más “cercano” a la actividad extraterrestre?

No sé por qué tanta historia con este tema. Desde el 2001, todos los años tuvieron días así. Y desde que usamos este calendario los tenemos, cada siglo. Y los seguiremos teniendo. Es increíble lo poco que necesita una persona para agarrarse de algo y creer. Es… no sé si preocupante, pero por lo menos interesante de ver la gran necesidad de creer en algo. Que el mundo va a explotar, que un asteroide de dimensiones épicas nos va a partir al medio, que un alien va a aterrizar con su nave modelo 2011 y nos va a someter, o que los zombies nos van a copar la parada, al mejor estilo “The Walking Dead”. Cualquier cosa sirve para exprimir y exprimir hasta el hartazgo, con tal de creer algo que alguien dijo en algún momento. En lo que va del año, se tenía que haber terminado la vida como 10 veces ya. El mundo está lleno de chantas que dicen sus “profecías”. Total es fácil: si la digo y no le pego, no pasa nada, porque la gente se olvida de todo; si la digo y le pego, no va a quedar nadie para felicitarme. De última… si a alguien vamos a creerle, que sea a los Mayas, ¿no?

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