Danu, Dany, Danette, Day o, simplemente… Daniela. De todos, me quedo con Daniela o Danette. El porqué de tu nick no creo que venga al caso. Ya estaba cuando nuestros caminos se cruzaron, y seguirá estando ahí. Te lo tenés ganado. Bien ganado. El postre a base de leche y vos, un solo corazón. El postre y tu nick. Hermosos. Casi tanto como vos.
De verdad tengo que agradecerte. Cuando todas las cosas te salen mal, cuando agarrás todas las calles en contramano, cuando todos te dan vuelta la cara. En esos momentos, se complica encontrar un mínimo haz de esperanza. Ahí fue cuando apareciste vos. Venía torcido. Venia complicado, de una relación que poco a poco se apagaba, como una estrella fugaz. Vos apareciste ahí, cuando más te necesitaba. Antes de que la estrella mencionada se apague, para iluminarme con tu sonrisa. Como dice en una parte “Avanti morocha”, de los Caballeros de la Quema: “vos venías de un viaje de mochilas cansadas // yo pateaba veranos sin sol”. Vos venías, efectivamente, de un viaje de mochilas cansadas. Yo venía de un otoño/invierno sin sol. Necesitaba encontrarlo. Y lo encontré. Lo encontré en esos 2 soles color miel de los que sos dueña, ama y creadora.
Hay una estrofa de ese mismo tema que me gusta mucho, y dice: “Nunca dejo que un ángel haga un nido en mi almohada”. Usualmente (y desafortunadamente), no me cruzo con ángeles. Y las pocas veces que tuve dicha suerte, trato de poner en práctica esa estrofa. Por haberme cruzado con material descartable, cada vez lo permito menos. No quiero contaminar mi almohada. Aunque eso signifique, lamentablemente, que una buena mina como vos, deba pagar los platos rotos de una anterior.
En el medio de toda esa tormenta, me ayudaste a respirar un poco de aire puro, Danette. Tengo un par de momentos en los que el aire puro casi me embriagó: las montañas en Córdoba y en Bariloche, lejos de todo, alejado de todos, por ejemplo. Con vos, en tu auto. O en tu casa. Probando los vinos en la barra de tu viejo. Ahí también sentí que me emborrachaba. Y no precisamente de alcohol. Vinos caros y una chica hermosa: mala combinación para el cerebro masculino.
Pasando esas noches con vos, paseando en tu auto… gracias por dejarme manejar semejante máquina. Me encanta que la gente me tenga la suficiente confianza como para dejar que me siente al volante de tan lindo auto, con ese olorcito a nuevo que te invita a no parar nunca de manejar. No me bajaría nunca de tu auto, ni de vos.
Te agradezco Daniela, una vez más, el haberte cruzado en mi camino. Estaba pasando un tiempo jodido, de vacas flacas, demonios con ruleros y bipolaridades al palo. Necesitaba una palabra de apoyo, una caricia, un hombro en el que apoyarme. Necesitaba unos minutos del tiempo de alguien para volver a sentirme querido. Necesitaba sentirme importante para alguien, una vez más. Y ahí, apareciste vos. Necesitaba, querida Danette, el pase libre que significa levantar el teléfono a cualquier hora de la noche, marcar tu número, escuchar tu voz, y que me digas: “en 10 estoy en tu casa”.



