Everybody loves Bachi

8 09 2008

 

Es una sensación rara saber que todos hablan bien de Bachi. Hasta Cecilia, con la que conviven hace casi dos años y con la cual ya tienen fecha para el civil. Cecilia y Bachi llevan 3 años saliendo; dos conviviendo y, Cecilia en particular, 1 año y 8 meses saliendo con el jefe de otro sector de la empresa donde trabaja.

 

“Bachi salvó a un bebé en el incendio de la semana pasada”, dice una chica. “Gracias al gol de Bachi estamos en semifinales”, dice uno de sus compañeros de fútbol. A todo esto, ¿qué dice Cecilia? “Amo a Bachi”, dice Cecilia. Alguien dice que puede ser cierto. Sinceramente, no lo creo. Creo que Cecilia ama la sensación de seguridad que tiene con Bachi. Pero amarlo, lo que se dice amarlo, no. No lo creo. De ninguna manera. Sino no haría de Bachi el blanco predilecto de miradas de todas sus amigas, que saben lo que hace Cecilia en su trabajo. Lo que hace en el baño del trabajo. Y que, como dice aquel dicho, “el que calla otorga”. Sus amigas callan. Sus amigas otorgan…

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Los cuernos de Bachi: Cecilia y su amigo contador (de vellos)

1 09 2008

La verdad que, viendo a Cecilia, algún desprevenido me podría haber comentado “lo buena mina que es”. Lo buena amiga o lo buena novia que ella es. Pero eso es lo que diría algún desprevenido. A mí, gracias a algún Santo protector que todavía se apiada de mi alma, eso no me pasa. Y Cecilia no me termina de “comprar” con esos ojos redondos como dos huevos fritos, y su boca gigante, capaz de tragar un melón de una sola mordida. No. A mi, eso no me pasa. Me pasarán muchas otras cosas. Pero ”comerme” una mentira de este tipo, no es una de ellas. La sonrisita falsa de ella no me la tragué. Nunca. Desde la primera foto que vi. Después, confirmé las sospechas. La primera vez que la vi pensé: “qué pinta de rápida que tiene está mina”. Pero como el nexo entre los dos no paraba de decirme todo lo contrario, supuse que debía estar equivocado. Que era una más de las tantas boludeces que pienso. Pero no. No sólo no estaba equivocado, sino que estaba tan en lo cierto que, cuando me enteré, no podía comprender cómo hacía su novio Bachi para pasar él, con sus cuernos, por la puerta. Bachi era un cornudo. Pero cornudo cornudo. Con todas las letras. Con todas las de la Ley. Con todas las del abecedario. Con todas. Pero TODAS.

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Perdiendo a Cecilia

10 05 2008

Sentados en esa cafetería en Recoleta. Qué sensación más rara. Vos, un café con leche; yo, un exprimido de naranja. Es la primera vez que siento fehacientemente como se me escurren entre los dedos las chances de salir con una mujer, en vivo y en directo. Sin mail. Sin msn. Sin nada de por medio salvo la mesa del Café Mónaco, en los Village Recoleta. Fue una sensación impresionante de impotencia, realmente. Porque sabía que te estaba perdiendo antes de tenerte, y  no pude hacer nada. NADA. Es raro eso de “perderte sin tenerte”, porque pensaba que no se puede perder algo que no se tiene. Pero créanme que sí se puede.

Como un piloto que sigue de largo en una curva, y sabe que el choque contra el muro de contención es inevitable. Así fue como me sentía. Como ese equipo que sabe que es inevitable irse al descenso. Tan inevitable como que una fruta se marchite. Tan inevitable como que aparezca la celulitis en ese cuerpo que en la secundaria me dejaba sin aliento. O como que a mi gato le dé hambre cuando me ve comer a mí. Tan inevitable como todo eso junto.

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Los nervios me comen

5 05 2008

La semana pasada te escribí un mail con el que, si te enojas, no te puedo decir ni “a”, ¿y vos qué hacés? Te me reís de una forma tan inexplicable como contagiosa. No sé si hice bien o no en escribirte esa “biblia” de mail que te mandé. En fin… ya está. ¿Después qué pasa? Te llamo y me derrito escuchándote reir. Me encanta. Todavía no tuvimos nuestra primera salida, y ya sé que la sonrisa es una de las cosas más lindas que tenés. Es como ir a una heladería por primera vez, cuando pedís un sabor que no conocés, y lo mezclas con dulce de leche, como para asegurarte que la mitad del helado te va a gustar.

Sos la primera mujer de 29 años con la que tengo la oportunidad de “salir”. Eso, no te voy a mentir, me da un poco de escalofríos. Me inquieta. Y hasta me asusta. Para no decirte que me aterra y paraliza. Pero ¡ojo! que todo esto es en el mejor sentido posible que estas palabras puedan tener. No es un intento de exponer algo negativo, sino todo lo contrario. Es todo positivo.

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