Las fiestas son una época rara. Son esos momentos en que todo aquello que el resto del año parece imposible de ver se vuelve posible. ¿Será por eso que se hablan de “milagros navideños”? Es el momento en que un apostador novato podría perder hasta sus calzoncillos, o uno experto podría ganarse hasta la Luna misma. Es raro, pero suele ser así… por lo menos en la gente que conozco (son bienvenidos los comentarios al respecto). Es como si, en ese momento, fuese posible ver sentados en una mesa a judíos y palestinos. A Mr. Danger y al Sr. Laden (más allá de cuando se sentaban en la misma mesa a cerrar acuerdos petroleros).
Cuentos navideños (1)
12 01 2009Comentarios : 1 comentario
Etiquetas: castigo, cena, Cuentos, familia, fiestas, navidad
Categorías : Cosas de todos los días, Cuentos, Yo
¿Preso por 13 años, o 13 años preso?
8 04 2008Cómo podía llegar a imaginarme que, detrás de esa puerta, ibas a estar vos. Que me iba a encontrar con semejante chocolate suizo. Ni bien abrí la puerta, encabezaba la fila de incipientes visitantes que hacían pie ancho en la casa del cumpleañero. ¿Pero de qué pie ancho hablo? Si cuando te vi, se me cayeron los calzoncillos. Si no nos presentan, ni me acordaba de mi nombre. Si ni siquiera atiné a darte un beso; te lo di porque me empujaron y mis mejillas chocaron con las tuyas. Me quedé temblando en cuanto te di el beso, mirándote como un nene, el prominente escote que tenías puesto. Es increíble, como tanta grandeza y qué sé yo, se fueron al carajo en 2 segundos. La cena empezó, y me senté en la otra punta de la mesa. Pero no me sacabas los ojos de encima… Cada vez que levantaba mi vista, ahí estabas vos, con tus ojos café taladrándome el cerebro. No me sacabas la mira telescópica de encima; me sentía como la próxima víctima del SWAT. La cena, entre risas y anécdotas, transcurría en forma llevadera. Pero cada vez que giraba mi cabeza hacia la derecha, ahí estabas vos. Con tu 1.58 de altura, morocha de pelo lacio, con esa mini de jean que solamente me permitía pensar en lo mucho que me gustaría sacártela. Uy! cómo querés que no te mire, me diste vuelta como una media, tan sólo con la mirada. Ay, nena, nena… las cosas que te haría si te tuviese toda para mi, entre 4 paredes. Reescribiría la historia con vos a mi lado. La historia del Kamasutra, obvio. Lástima que el precio de mi cabeza cotizaría en Wall Street con sólo ponerte un dedo encima. Me convertiría, no sé si en el “enemigo público Nº 1″, pero seguro en el “enemigo de la famlilia C… Nº 1″. Pero si aceptás intercambiar dos palabras conmigo, voy a lograr que salgamos. Y si logro que salgamos, iré “a parar, a la Comisaría” (como dice un tema por ahí) y tus viejos, tu hermana mayor, tu primo y vaya a saber cuántas personas más, me querrán encerrar en Alcatraz, pero pienso hacerte todo lo que tengo ganas de hacerte. Y ahí sí, me iría feliz adonde sea, hasta con el Rey de las Tinieblas, si ese es el precio a pagar.
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Etiquetas: amigos, arrepentimiento, aventura, cena, Cuentos, ella, familia, ilegal, literatura, mirada, nena, preso, provocativa, Relaciones
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