El último sábado fui a la Feria del Libro. Me llamó la atención una cosa: la firma de ejemplares. Si bien siempre voy a la Feria, esta es la primera vez que voy un sábado. Siempre fui con el colegio, o compañeros de estudio, durante la semana. Pero este año, como trabajo de lunes a viernes, fui un sábado. Eso me permitió fijarme en detalles como este de la firma de libros, en los cuales nunca había detenido mi atención. Quise ir solo para poder pararme en cada stand que me interesase a ojear los libros con tranquilidad. Me encontré con Maitena, entre otros escritores. Fue raro. Es increíble como tanta gente se puede agolpar contra un stand, haciendo fila, para que su autor preferido le firme un libro. Pasé por algunos stands, que tenían un cartelito de que había alguien para firmar un libro (un autor), y el pobre autor estaba solito, ahí sentado… como quien espera el colectivo bajo una torrencial lluvia invernal. Sin ningún “seguidor” pidiéndole que le firme el libro que, con tanto trabajo, escribió. ¡Pobre! Sentado, ahí con la mesita delante suyo, con su nombre escrito con birome, mirando a cada persona que pasa por el stand, a ver si alguien se decide a pedirle un autografo. Lejos de los flashes y personas de seguridad privada que rodeaban a Maitena.
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Las firmas