Analizando mi sistema

9 11 2009

Dijo llamarse Sonia. Que estaba empezando la que, a mi parecer, es la mejor década en la vida sexual de una mujer: los 40. Dijo trabajar en Anses, aunque voy a reservarme su posición exacta por respeto hacia ella, la mujer que me dio una excelente charla cuando volvía a casa, después de la mierda que se acumula cuando (creo que) cualquiera pasa unos minutos en el centro porteño.

Charlamos de trabajo. Del país. De lo lindo de su edad. Su familia; la mía… los problemas que nos invaden a ambos, que supongo son los mismos que invaden a la mayoría de la gente.

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Lo que no fue

2 11 2009

Como algunos habrán notado, a partir de ayer, 1° de Noviembre, debería haber aparecido el primer capítulo de un proyecto de novela. Y hoy el segundo, y así sucesivamente durante los 30 días de este mes. Pero la página de 1000 mierda en la que se supone tengo que postear simultáneamente lo que suba acá, no funciona. Así que la guardaré para que algunos la lean personalmente, y la iré perfeccionando para vaya a saber qué ocasión. No tiene sentido postearla, porque pierde el efecto para el que fue concebida originalmente.

Gracias a los que me entienden, y les agradezco por las visitas de este mes, que fueron sumamente satisfactorias.

 

Saludos!





Cuentos navideños (1)

12 01 2009

Las fiestas son una época rara. Son esos momentos en que todo aquello que el resto del año parece imposible de ver se vuelve posible. ¿Será por eso que se hablan de “milagros navideños”? Es el momento en que un apostador novato podría perder hasta sus calzoncillos, o uno experto podría ganarse hasta la Luna misma. Es raro, pero suele ser así… por lo menos en la gente que conozco (son bienvenidos los comentarios al respecto). Es como si, en ese momento, fuese posible ver sentados en una mesa a judíos y palestinos. A Mr. Danger y al Sr. Laden (más allá de cuando se sentaban en la misma mesa a cerrar acuerdos petroleros).

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Mi jefe, el tutor del Führer

25 12 2008

 

Cuando Hitler nació tuvo un tutor. No sé durante cuánto tiempo lo habrá tenido, ni si los registros históricos habrán tomado noticia de su existencia. Pero existió. Cuando Adolfito se portaba mal, su tutor se quitaba el cinto y le pegaba con el derecho y el revés de su poderosa e improvisada arma de legítimo cuero danés.

Todo empezó cuando el futuro Führer tenía apenas 5 años y sus padres, sumergidos en la pobreza, no podían cuidarlo. Entonces optaron por darlo en custodia a una familia vecina, dueña de una fortuna incomparable entre aquellos que compartían el vecindario. La familia tenía un tutor, que era el encargado de la educación de los más pequeños de la familia, que eran adoptados a cambio de mano de obra barata. Cuando recibió a Adolf en sus filas, enseguida notó que el infante en cuestión era un rebelde. Un mocoso que haría lo que sea para escaparse de su nuevo hogar. Lo notó cuando uno de los chicos se robó una barra de chocolate de la heladera de los hijos biológicos de la familia (a la que, obviamente, los huerfanos tenían prohibido el acercamiento) y Adolf lo “vendió” cuando el tutor los tenía a ellos dos y a los otros cinco niños adoptados formando una perfecta fila, al mejor estilo militar.

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De las noches con Virginia en un telo de Palermo

7 05 2008

Me desperté a las 6 de la mañana. El aire frío que entraba por la ventana abierta, desde el 5º piso de aquel telo con vista al Campo Argentino de Polo, no me dejaba dormir. Eran los primeros días de Octubre. Y el frío se negaba a irse.

Virginia dormía desnuda, abrazada a mí. En términos estéticos, fue lo más cercano a la definición de ángel que tuve la oportunidad de ver y poseer entre mis brazos hasta ahora. Virginia no tenía frío, pero sí una forma de dormir bastante desprolija. De a ratos se ponía a balbucear nombres y situaciones. Hasta que encontraba mi cuerpo al lado suyo. Ahí se calmaba y se volvía a dormir cuando la abrazaba. Una frase que balbuceó varias noches fue: “Negri… te juro que no sé cómo pasó. Fue algo de una sola noche. Me tenés creer. Creeme… por favor… Jamás haría nada para lastimarte. Me tenés que perdonar… ¡por favor!”.

El “negri” al que Virginia hacía referencia era Hernán. Hernán era, por aquel entonces, su futuro marido. Hernán se enteró de aquella supuesta “única” noche cuando el traicionero e inestable sueño de Virginia le jugó una mala pasada. Y entonces habló. Y así Hernán se enteró que existía Nicolás.

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La Feria del Libro y mis primeros 600 visitantes

3 05 2008

El último sábado fui a la Feria del Libro. Me llamó la atención una cosa: la firma de ejemplares. Si bien siempre voy a la Feria, esta es la primera vez que voy un sábado. Siempre fui con el colegio, o compañeros de estudio, durante la semana. Pero este año, como trabajo de lunes a viernes, fui un sábado. Eso me permitió fijarme en detalles como este de la firma de libros, en los cuales nunca había detenido mi atención. Quise ir solo para poder pararme en cada stand que me interesase a ojear los libros con tranquilidad. Me encontré con Maitena, entre otros escritores. Fue raro. Es increíble como tanta gente se puede agolpar contra un stand, haciendo fila, para que su autor preferido le firme un libro. Pasé por algunos stands, que tenían un cartelito de que había alguien para firmar un libro (un autor), y el pobre autor estaba solito, ahí sentado… como quien espera el colectivo bajo una torrencial lluvia invernal. Sin ningún “seguidor” pidiéndole que le firme el libro que, con tanto trabajo, escribió. ¡Pobre! Sentado, ahí con la mesita delante suyo, con su nombre escrito con birome, mirando a cada persona que pasa por el stand, a ver si alguien se decide a pedirle un autografo. Lejos de los flashes y personas de seguridad privada que rodeaban a Maitena.

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