Aquella chica

25 05 2008

 

Hay una chica a la que le da vueltas por la cabeza la idea de cómo sería salir conmigo. Sí, sí… vos. Esa que veo de vez en cuando, no porque yo no quiera sino porque vos te me ponés esquiva. Esa que me mira con sus ojitos chiquitos, y me sigue el paso con la charla hablándome rápido y sin pausa. Esa que me hace reír muchísimo. Esa que también me hace pensar muchísimo. Que me deja meditando. Que me reta y no me gusta que lo haga. Pero que, a la vez, me encanta verla enojada. Porque se me vuelve tan única como una huella dactilar. Vos, que cuando me retás, no te puedo contestar más que con un chiste, para cortar ese clima de tensión y sacarte esa sonrisa hermosa que tenés aunque no quieras por el enojo que invade tu cuerpo en ese momento. Tu sonrisa me puede. No hay nada que hacerle. Una mujer con una linda sonrisa es hermosa. Con vos en particular, no me puedo enojar. ¿Será por tu altura? ¿Será por tu sonrisa? ¿O será porque parecés inocente? Lo cierto es que, así y todo, me tenés en la palma de tu mano.

            Sabés como llevarme de acá para allá. Es una pena que no quieras que nos veamos más seguido. Pienso que es porque sabés tan bien como yo que si nos vemos con cierta frecuencia (digamos… una vez por semana) no tardaríamos más de 6 semanas en “ser novios”, con todas las de la Ley. Y es una pena mayor aún que seamos “sólo amigos”, cuando en realidad no creo que seamos amigos amigos porque, por ejemplo, no nos contamos cosas íntimas. Me parece que somos dos personas inteligentes, que histeriquean hasta un punto casi empalagoso. Que somos dos personas, por sobre todas las cosas, muy inteligentes. Pero que los dos tenemos un enorme miedo de avanzar. De ver qué sería de nuestro mundo, si vos y yo salimos. Si vos y yo dejamos de ser “solamente amigos”, y me das una oportunidad de partirte esos labios impresionantemente lindos que tenés. Tan femeninos como la esencia de vainilla.

Seguí leyendo acá





¿Cómo llegaron el Sol y la Luna al cielo?

13 02 2008


Hace muchos años, el Sol y la Luna vivían en la tierra. Eran una pareja muy feliz y no necesitaban de mucho para serlo. Cuando Dios los creó, los dejó juntitos, porque él veía como se querían. Su amor era muy fuerte como para separarlos. Pero…un día, Dios le dijo a la Luna que se tenía que separar del Sol. Ella tenía que estar alumbrando a esas almas de noche, mientras que el Sol, daba toda su energía de día. La Luna le contestó que no, que ella no se podía separar de su amor. Dios le contestó que las distancias no hacen perder el amor que uno siente por el otro. La Luna lloró, lloró y lloró, pasó días llorando. La tierra se iba cada vez más y más, mientras ella lloraba por su amor, inundándola. Su amor, el Sol, no sabía cuál era el motivo por el cual la bella Luna lloraba. La Luna no le quería decir nada, pues no quería ver a su amor estar mal, pero ella, lo único que podía hacer era vivir los últimos momentos junto a él, y…llorar. Fue así como tuvieron que subir cada vez más y más arriba, dado que todo se estaba inundando, ya que ella no paraba de llorar. Es así como llegaron, a un lugar bello, hermoso, llamado cielo. No sabían en donde estaban. Sólo lo apreciaban. Ella pensaba si ahí, se iban a separar como le había dicho Dios: “yo te voy a avisar cuando te tengas que separar, aprovecha, vive el presente, disfrútalo”. Es así, como de repente, apareció Dios, entre unas paredes que parecían de algodón, suaves, blancas, a las que llamaba nubes; diciéndole al Sol que se iba a tener que separar de su amor, el de día, ella de noche, “eso significa que no nos vamos a cruzar más, no la voy a ver nunca más”, dijo el Sol. “Sí, estás en lo cierto”, le respondió Dios. “No, no puedo, no voy a dejar a mi amor irse, se fueron muchas cosas de mi camino, las dejé ir, no las supe aprovechar. No voy a permitir que nos separes”, le contestó el Sol a Dios (en ese momento entendió el Sol por lo que lloraba la Luna). Dios le colocó un brillo a cada uno.
Ninguno pudo hacer nada para evitarlo. El Sol de día, la Luna de noche. Dos almas, dos corazones separados por el creador.
Seguí leyendo acá