Las mujeres y su concha

17 12 2008

Aclaración: esto es un pensamiento abstracto llevado a un escrito concreto. Que refleja cómo vemos algunos hombres esta relación que tienen las mujeres con su vagina y cómo la llaman delante de nosotros. Por ende, no merece ser tomado como un insulto a la mujer ni a su inteligencia. Es, ni más ni menos, lo que recién leyeron: un pensamiento llevado de mi cabeza a este blog.

Últimamente he sido testigo de algo que me llamó la atención y que, al preguntar y no tener ninguna respuesta que me contentara, me motivó a escribir este post ¿Por qué a las mujeres les molesta, les cuesta decir la palabra “concha”? ¿Por qué no llaman a la concha por su nombre? ¿Por qué le inventan apodos, diminutivos, le ponen calificativos… les dan nombres…?

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María, mi cabeza y las apariencias

8 12 2008

 

 

Nunca más cierto eso de que “las apariencias engañan”. Muchas veces, nosotros, los hombres, juzgamos a una mujer por su forma de vestir, su peinado, los accesorios que puedan llevar encima, actitudes, dichos, etc.

Eso fue lo que me pasó con María. Ya la conocía por fotos y algún que otro video hogareño pero, hasta hace algunos días, no había tenido la oportunidad de conocerla personalmente. Morocha, ojos claros, casi 1.70 m de altura, piel blanca, uñas pintadas de color rojo y varias pulseras de plata en la muñeca derecha… y así podría seguir con su interminable descripción.

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Ella y su andar

12 02 2008

Entro a la pizzeria, camino hacia la mesa a la que me iba a sentar y, por esas cosas que tiene el accionar humano, levanto la vista por sobre mi hombro izquierdo. Y ahí estaba ella. Ni más ni menos; ella. Con ese andar tan inconfundible como la derecha del Enzo. Ese andar calmo pero seguro. Anestésico pero sugestivo. Sin pausa pero seductor. Tanto como el andar de un tren, o de una babosa, pero el caso es que ese caminar por nada se detiene. Ya pasaron más de seis años, y sin embargo, no olvido su paso. Ni su sonrisa. No olvido cómo se acomoda el pelo. No olvido lo que me gustaba de ella hace seis años, y lo que me gusta de ella hoy. Nos vemos en el colectivo. En Palermo, en pleno centro. En Pilar, en Del Viso. Nos cruzamos en todos lados. Aún así, nos cruzamos pero no nos vimos. Aún así, y después de más de seis años, parece que todo cambió para que nada cambie.