Carta abierta a Lucía

12 10 2009

Buenos Aires, Octubre de 2009

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¡Ay! Lu, querida… prometí no escracharte con segundo nombre y apellido, porque se disminuiría drásticamente la cantidad de personas a las que va dirigida esta carta. Así que, como caballero que me considero, voy a mantener la palabra. Sí, como te lo aclaré, voy a poner que sos vos, Lucía. De todas las Lucías que pueda conocer y que me conozcan a mí, vos sos la única con la que hablé esto. Creeme que sos la única.

Qué complicado que es sentarme delante tuyo, Lucía. Qué duro que es decirte cuánto me gustás. Y cuánto te quiero. ¿O acaso no te diste cuenta de que eso era lo que estaba intentando decirte… un “te quiero”?

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Las horas previas al encuentro

21 09 2009

Faltan 12 horas para que Pablo y Nadia se vean. Los dos acordaron, con ganas, volverse a ver. Hace año y medio que ninguno de los dos sabe absolutamente nada acerca de la vida del otro. Nadia es fría. Exterioriza una mayor frialdad para con Pablo, quien supo ser su buen amigo y compañero de la vida. Pablo, emocional, no puede evitar soltar una lágrima cuando corta la llamada telefónica que le confirmaría el encuentro con ella. Con la mujer que lo puede. Con esa “kriptonita” que cada Superman tiene. Ese Talón de Aquiles, capaz de bajarlo de ese pedestal en el que él cree estar, hasta que llega ella. Ahí lo baja y lo pone a la altura de cualquier otro mortal del planeta. A pesar de esas lágrimas de alegría por volver a saber algo sobre Nadia, Pablo está triste. Una gran tristeza lo invade.

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El origen de mis posts

17 08 2009

Que escriba sobre una mujer, no quiere decir que esa mujer exista. Que diga que algo pasa, no quiere decir que eso pase. Si digo que algo no pasa, no necesariamente no pasó…

Esto es un lugar de libre expresión. Es MI lugar de libre expresión. Bien por el que le guste. Una pena al que no le guste. A los últimos, lo único que les puedo sugerir es que no lo lean. O que intenten levantar el espacio. Lo que les resulte más cómodo.

Es de necios pensar que voy retratando mi vida minuto a minuto en mi blog, como si se tratase del diario personal de una adolescente con sobredosis de estrógenos, que recién descubre el placer que le da a su novio practicándole sexo oral.

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Las mujeres y su concha

17 12 2008

Aclaración: esto es un pensamiento abstracto llevado a un escrito concreto. Que refleja cómo vemos algunos hombres esta relación que tienen las mujeres con su vagina y cómo la llaman delante de nosotros. Por ende, no merece ser tomado como un insulto a la mujer ni a su inteligencia. Es, ni más ni menos, lo que recién leyeron: un pensamiento llevado de mi cabeza a este blog.

Últimamente he sido testigo de algo que me llamó la atención y que, al preguntar y no tener ninguna respuesta que me contentara, me motivó a escribir este post ¿Por qué a las mujeres les molesta, les cuesta decir la palabra “concha”? ¿Por qué no llaman a la concha por su nombre? ¿Por qué le inventan apodos, diminutivos, le ponen calificativos… les dan nombres…?

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Aquella chica

25 05 2008

 

Hay una chica a la que le da vueltas por la cabeza la idea de cómo sería salir conmigo. Sí, sí… vos. Esa que veo de vez en cuando, no porque yo no quiera sino porque vos te me ponés esquiva. Esa que me mira con sus ojitos chiquitos, y me sigue el paso con la charla hablándome rápido y sin pausa. Esa que me hace reír muchísimo. Esa que también me hace pensar muchísimo. Que me deja meditando. Que me reta y no me gusta que lo haga. Pero que, a la vez, me encanta verla enojada. Porque se me vuelve tan única como una huella dactilar. Vos, que cuando me retás, no te puedo contestar más que con un chiste, para cortar ese clima de tensión y sacarte esa sonrisa hermosa que tenés aunque no quieras por el enojo que invade tu cuerpo en ese momento. Tu sonrisa me puede. No hay nada que hacerle. Una mujer con una linda sonrisa es hermosa. Con vos en particular, no me puedo enojar. ¿Será por tu altura? ¿Será por tu sonrisa? ¿O será porque parecés inocente? Lo cierto es que, así y todo, me tenés en la palma de tu mano.

            Sabés como llevarme de acá para allá. Es una pena que no quieras que nos veamos más seguido. Pienso que es porque sabés tan bien como yo que si nos vemos con cierta frecuencia (digamos… una vez por semana) no tardaríamos más de 6 semanas en “ser novios”, con todas las de la Ley. Y es una pena mayor aún que seamos “sólo amigos”, cuando en realidad no creo que seamos amigos amigos porque, por ejemplo, no nos contamos cosas íntimas. Me parece que somos dos personas inteligentes, que histeriquean hasta un punto casi empalagoso. Que somos dos personas, por sobre todas las cosas, muy inteligentes. Pero que los dos tenemos un enorme miedo de avanzar. De ver qué sería de nuestro mundo, si vos y yo salimos. Si vos y yo dejamos de ser “solamente amigos”, y me das una oportunidad de partirte esos labios impresionantemente lindos que tenés. Tan femeninos como la esencia de vainilla.

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Los nervios me comen

5 05 2008

La semana pasada te escribí un mail con el que, si te enojas, no te puedo decir ni “a”, ¿y vos qué hacés? Te me reís de una forma tan inexplicable como contagiosa. No sé si hice bien o no en escribirte esa “biblia” de mail que te mandé. En fin… ya está. ¿Después qué pasa? Te llamo y me derrito escuchándote reir. Me encanta. Todavía no tuvimos nuestra primera salida, y ya sé que la sonrisa es una de las cosas más lindas que tenés. Es como ir a una heladería por primera vez, cuando pedís un sabor que no conocés, y lo mezclas con dulce de leche, como para asegurarte que la mitad del helado te va a gustar.

Sos la primera mujer de 29 años con la que tengo la oportunidad de “salir”. Eso, no te voy a mentir, me da un poco de escalofríos. Me inquieta. Y hasta me asusta. Para no decirte que me aterra y paraliza. Pero ¡ojo! que todo esto es en el mejor sentido posible que estas palabras puedan tener. No es un intento de exponer algo negativo, sino todo lo contrario. Es todo positivo.

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