Buenos Aires, Octubre de 2009
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¡Ay! Lu, querida… prometí no escracharte con segundo nombre y apellido, porque se disminuiría drásticamente la cantidad de personas a las que va dirigida esta carta. Así que, como caballero que me considero, voy a mantener la palabra. Sí, como te lo aclaré, voy a poner que sos vos, Lucía. De todas las Lucías que pueda conocer y que me conozcan a mí, vos sos la única con la que hablé esto. Creeme que sos la única.
Qué complicado que es sentarme delante tuyo, Lucía. Qué duro que es decirte cuánto me gustás. Y cuánto te quiero. ¿O acaso no te diste cuenta de que eso era lo que estaba intentando decirte… un “te quiero”?




Las firmas