La pelirroja

24 08 2009

Tus pecas por toda la cara me calientan de una manera soberbia. Creo que te diste cuenta la otra vez, cuando me dijiste que me conociste “muy en profundidad” [sic]. Me calienta que estés casada, que le digas a tu otrora novio, devenido en marido… la verdad, no sé qué le dirás. No sé qué excusa ponés para escaparte de tu casa. Y no sé por qué todavía te cree. Calculo que es parte de la ignorancia que por momentos se apodera de nosotros o, por ahí, es porque simplemente no le importa que otro calme esa voracidad sexual que tiene tu concha. La verdad que no lo sé. Y tampoco me importa.

Seguí leyendo acá





El origen de mis posts

17 08 2009

Que escriba sobre una mujer, no quiere decir que esa mujer exista. Que diga que algo pasa, no quiere decir que eso pase. Si digo que algo no pasa, no necesariamente no pasó…

Esto es un lugar de libre expresión. Es MI lugar de libre expresión. Bien por el que le guste. Una pena al que no le guste. A los últimos, lo único que les puedo sugerir es que no lo lean. O que intenten levantar el espacio. Lo que les resulte más cómodo.

Es de necios pensar que voy retratando mi vida minuto a minuto en mi blog, como si se tratase del diario personal de una adolescente con sobredosis de estrógenos, que recién descubre el placer que le da a su novio practicándole sexo oral.

Seguí leyendo acá





Oda a la Sra. Tramposa

3 08 2009

Para qué tanto histeriqueo. Para qué hacerte la difícil, la mujer refinada, la persona que está siempre súper-archi-ultra-recontra ocupada, que tiene mil millones de amigos, a la que le andan atrás doscientos tipos como si fueses la mejor de las modelos, la delicada… ¿para qué? Si después cuando venís, te subís arriba mío y montás tal cual jocketa en el Gran Premio Carlos Pellegrini. No parás de gritar, de morderme, de rasguñarme la espalda y de putear una y mil veces, preguntándole a Dios “por qué mi marido no me coje como este pendejo”.

Seguí leyendo acá





Tramposas eran las de antes

27 07 2009

Salir con mujeres casadas ya no es lo que era. Ya no es “un gran mérito”. No es aquella aventura casi imposible de lograr que fuera algún tiempo atrás.

Lo mismo que con los chorros. Ya no son lo que solían ser. No sé exactamente qué es… lo único que se me ocurre decir es que perdieron los códigos. Hoy, así como cualquier boludo se dedica a robar y matar gente, cualquier boluda se cree con la capacidad de meterle los cuernos a su novio/marido/pareja/pito de turno y hacerlo con impunidad, mientras el mundo gira y gira, imperturbable. Con la impunidad que sólo otorga el saber hacer algo “bien”. Y sin embargo, lejos están de practicar tan bonito oficio con la dedicada maestría que supone el engaño, cuando es bien ejercido.

Seguí leyendo acá