Mi jefe, el tutor del Führer

25 12 2008

 

Cuando Hitler nació tuvo un tutor. No sé durante cuánto tiempo lo habrá tenido, ni si los registros históricos habrán tomado noticia de su existencia. Pero existió. Cuando Adolfito se portaba mal, su tutor se quitaba el cinto y le pegaba con el derecho y el revés de su poderosa e improvisada arma de legítimo cuero danés.

Todo empezó cuando el futuro Führer tenía apenas 5 años y sus padres, sumergidos en la pobreza, no podían cuidarlo. Entonces optaron por darlo en custodia a una familia vecina, dueña de una fortuna incomparable entre aquellos que compartían el vecindario. La familia tenía un tutor, que era el encargado de la educación de los más pequeños de la familia, que eran adoptados a cambio de mano de obra barata. Cuando recibió a Adolf en sus filas, enseguida notó que el infante en cuestión era un rebelde. Un mocoso que haría lo que sea para escaparse de su nuevo hogar. Lo notó cuando uno de los chicos se robó una barra de chocolate de la heladera de los hijos biológicos de la familia (a la que, obviamente, los huerfanos tenían prohibido el acercamiento) y Adolf lo “vendió” cuando el tutor los tenía a ellos dos y a los otros cinco niños adoptados formando una perfecta fila, al mejor estilo militar.

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Burguis y su política acerca del lavado de cerebro

12 04 2008

Otra vez… Burguis. Burguis me puede. Es sábado. Se supone que descanse, pero lejos de eso, viajé lo mismo que el resto de los días. A la mañana, mi hermosa gata siamesa, con sus dos ojos tremendamente azules y saltones, me despertó con su infernal y agudo maullido, lo que ya hizo que me levante con los tapones de punta. Así que, sin más remedio, me levanté y fui a buscar mis nuevos anteojos. Hice alguna que otra diligencia que me ocupaba. Y vine para acá. El mismo local en el que almorcé con Lu (en algún momento del futuro, puede ser que suba el largo diálogo entre la terrible morocha y yo, para que entiendan un poco mejor algunas cosas que cuento), el mismo local en el que les conté la otra vez los retos de una chica con aires dictatoriales hacia otra, supuestamente “rebelde”. Se supone que iba a almorzar con Maru, pero me dejó con un hermoso plantón al lado mío. Así que mientras como solo, veo un par de cosas que me siguen llamando la atención sobre este lugar.

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