Analizando mi sistema

9 11 2009

Dijo llamarse Sonia. Que estaba empezando la que, a mi parecer, es la mejor década en la vida sexual de una mujer: los 40. Dijo trabajar en Anses, aunque voy a reservarme su posición exacta por respeto hacia ella, la mujer que me dio una excelente charla cuando volvía a casa, después de la mierda que se acumula cuando (creo que) cualquiera pasa unos minutos en el centro porteño.

Charlamos de trabajo. Del país. De lo lindo de su edad. Su familia; la mía… los problemas que nos invaden a ambos, que supongo son los mismos que invaden a la mayoría de la gente.

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La pelirroja

24 08 2009

Tus pecas por toda la cara me calientan de una manera soberbia. Creo que te diste cuenta la otra vez, cuando me dijiste que me conociste “muy en profundidad” [sic]. Me calienta que estés casada, que le digas a tu otrora novio, devenido en marido… la verdad, no sé qué le dirás. No sé qué excusa ponés para escaparte de tu casa. Y no sé por qué todavía te cree. Calculo que es parte de la ignorancia que por momentos se apodera de nosotros o, por ahí, es porque simplemente no le importa que otro calme esa voracidad sexual que tiene tu concha. La verdad que no lo sé. Y tampoco me importa.

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El origen de mis posts

17 08 2009

Que escriba sobre una mujer, no quiere decir que esa mujer exista. Que diga que algo pasa, no quiere decir que eso pase. Si digo que algo no pasa, no necesariamente no pasó…

Esto es un lugar de libre expresión. Es MI lugar de libre expresión. Bien por el que le guste. Una pena al que no le guste. A los últimos, lo único que les puedo sugerir es que no lo lean. O que intenten levantar el espacio. Lo que les resulte más cómodo.

Es de necios pensar que voy retratando mi vida minuto a minuto en mi blog, como si se tratase del diario personal de una adolescente con sobredosis de estrógenos, que recién descubre el placer que le da a su novio practicándole sexo oral.

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Mi álter ego

1 01 2009

 

De todo lo que me pasó el año pasado, creo que lo que más rescato es el haber encontrado a mi álter ego. El haber encontrado a mi otro yo… en version femenina (no es que esté adentro mío, o que me haya encontrado con mi lado femenino, sino que encontré en una mujer, esa representación). Una persona que me entiende, que me escucha, que me habla y cuando debe, me contradice. Está bueno esto. Realmente, no sabía cómo sería. Pero es como tener a una hermana menor que es capaz de darme una palabra justa en el momento justo. Una palabra de aliento, o un reto en esos momentos en que se necesitan un aliento o un reto.

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María, mi cabeza y las apariencias

8 12 2008

 

 

Nunca más cierto eso de que “las apariencias engañan”. Muchas veces, nosotros, los hombres, juzgamos a una mujer por su forma de vestir, su peinado, los accesorios que puedan llevar encima, actitudes, dichos, etc.

Eso fue lo que me pasó con María. Ya la conocía por fotos y algún que otro video hogareño pero, hasta hace algunos días, no había tenido la oportunidad de conocerla personalmente. Morocha, ojos claros, casi 1.70 m de altura, piel blanca, uñas pintadas de color rojo y varias pulseras de plata en la muñeca derecha… y así podría seguir con su interminable descripción.

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De las noches con Virginia en un telo de Palermo

7 05 2008

Me desperté a las 6 de la mañana. El aire frío que entraba por la ventana abierta, desde el 5º piso de aquel telo con vista al Campo Argentino de Polo, no me dejaba dormir. Eran los primeros días de Octubre. Y el frío se negaba a irse.

Virginia dormía desnuda, abrazada a mí. En términos estéticos, fue lo más cercano a la definición de ángel que tuve la oportunidad de ver y poseer entre mis brazos hasta ahora. Virginia no tenía frío, pero sí una forma de dormir bastante desprolija. De a ratos se ponía a balbucear nombres y situaciones. Hasta que encontraba mi cuerpo al lado suyo. Ahí se calmaba y se volvía a dormir cuando la abrazaba. Una frase que balbuceó varias noches fue: “Negri… te juro que no sé cómo pasó. Fue algo de una sola noche. Me tenés creer. Creeme… por favor… Jamás haría nada para lastimarte. Me tenés que perdonar… ¡por favor!”.

El “negri” al que Virginia hacía referencia era Hernán. Hernán era, por aquel entonces, su futuro marido. Hernán se enteró de aquella supuesta “única” noche cuando el traicionero e inestable sueño de Virginia le jugó una mala pasada. Y entonces habló. Y así Hernán se enteró que existía Nicolás.

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