Atosigamiento de tetas y culos

26 10 2009

Y sí… algún día tenía que pasar. Siempre supimos que algún día, este momento llegaría. Si digo que las mujeres de Argentina son muy lindas, no hago ningún descubrimiento. Nadie que haya paseado sus ojos por el país podría desmentirme. En otros lados habrá señoritas muy lindas, también. No lo pongo en duda. Y no se enojen mis lectoras fuera de Argentina ;) . Como dice el titulo, me cansé de ver tetas y culos. Y me volví p… p… propenso a tocar culos. ¿Qué pensaban que me había vuelto? ¿Puto? Jajaja!!! Me gustan demasiado las tetas y culos naturales como para fijarme en algo artificial. Jamás podría hacerle algo así al Barba. No se preocupen que todavía Nico tiene mucho amor para repartir entre todas aquellas que quieran recibirlo.

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Carta de Hank Moody a Karen

13 07 2009

La similitud que existe entre el personaje de David Duchovny en Californication (Hank Moody) y yo me asusta. Desde que promocionaban el lanzamiento para América Latina me sentí intrigado. Y la verdad que la serie me fue atrapando cada vez más. Por momentos, realmente me asustan las similitudes que tengo con “Hank”. Y hasta pareciera que alguien le va relatando lo que me pasa a la serie, pero no creo que mi psicologa haya contado algo…

En el capítulo de la semana pasada, el protagonista le escribía esta carta a su ¿amada? En la serie la leyó en voz alta, y me pareció una excelente carta. Uno de esos momentos de la tele que hay que registrar.

  • Si no saben inglés, no la van a entender.
  • Si nunca vieron la serie, es probable que no la disfruten.
  • Si no comparten cosas con el personaje (más allá de que refleja muchas cualidades que se repiten en los humanos), no lo van a disfrutar.
  • De cualquier manera, me parece que esto excede a un script y vale la pena leerlo…
Dear, karen…

If you’re reading this, it means I
actually worked up the courage to mail it.
So, good for me.
You don’t know me very well
but you get me started,

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Cuando uds preguntan algo, esto es lo que pensamos nosotros…

9 03 2009

 

¿Cuántas veces nos encontramos (nosotros, los hombres) en la encrucijada de qué responder ante ciertas preguntas que nos hacen las mujeres?

Preguntas incomodas, de esas que nos duelen y que nos hacen desear no haber nacido o poder, al mejor estilo cinematográfico, volver el tiempo atrás para cambiar el rumbo de la charla. Preguntas tales como: “¿Estoy gorda?”, “¿Qué zapatos me pongo?” o “¿Vamos de compras al shopping?”

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Las mujeres y su concha

17 12 2008

Aclaración: esto es un pensamiento abstracto llevado a un escrito concreto. Que refleja cómo vemos algunos hombres esta relación que tienen las mujeres con su vagina y cómo la llaman delante de nosotros. Por ende, no merece ser tomado como un insulto a la mujer ni a su inteligencia. Es, ni más ni menos, lo que recién leyeron: un pensamiento llevado de mi cabeza a este blog.

Últimamente he sido testigo de algo que me llamó la atención y que, al preguntar y no tener ninguna respuesta que me contentara, me motivó a escribir este post ¿Por qué a las mujeres les molesta, les cuesta decir la palabra “concha”? ¿Por qué no llaman a la concha por su nombre? ¿Por qué le inventan apodos, diminutivos, le ponen calificativos… les dan nombres…?

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Ella y su andar

12 02 2008

Entro a la pizzeria, camino hacia la mesa a la que me iba a sentar y, por esas cosas que tiene el accionar humano, levanto la vista por sobre mi hombro izquierdo. Y ahí estaba ella. Ni más ni menos; ella. Con ese andar tan inconfundible como la derecha del Enzo. Ese andar calmo pero seguro. Anestésico pero sugestivo. Sin pausa pero seductor. Tanto como el andar de un tren, o de una babosa, pero el caso es que ese caminar por nada se detiene. Ya pasaron más de seis años, y sin embargo, no olvido su paso. Ni su sonrisa. No olvido cómo se acomoda el pelo. No olvido lo que me gustaba de ella hace seis años, y lo que me gusta de ella hoy. Nos vemos en el colectivo. En Palermo, en pleno centro. En Pilar, en Del Viso. Nos cruzamos en todos lados. Aún así, nos cruzamos pero no nos vimos. Aún así, y después de más de seis años, parece que todo cambió para que nada cambie.