La camiseta, triste

7 09 2009

Tremenda decepción ver cómo un grupo de personas se juntan para ganar. Nos venden que se juntan para ganar “por la patria”. Por el bien de todos. Porque todos los necesitamos. Pero… ¿todos los necesitamos? Realmente, ¿el país necesita que un grupo de seleccionados se junten para conformar una “Selección Nacional” que nos represente? ¿Es lo que más necesita un país sumergido en la pobreza y la corrupción, plagado de enfermedades tercermundistas y sin educación?

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La democracia, de luto

31 03 2009

 

Hace un rato falleció el Dr. Raúl Ricardo Alfonsín. El primer presidente en democracia que tuvo nuestro país. Mi país: la Argentina. Asumió en 1983, luego de una terrible dictadura. Inició el periodo ininterrumpido más largo en la historia de mi país.

Para mí, un simple estudiante de Ciencia Política, es algo duro. El Dr. Alfonsín fue un animal político. Fue un apasionado por la política. La política era su vida. En una búsqueda permanente de la paz, solía decir que “la política es construcción”. Con discursos memorables, quedaron algunas frases que pintaron de cuerpo y alma no sólo su presidencia sino lo que se supone debiera ser una democracia. Su frase: “con la democracia se come, se cura y se educa” es una de ellas. “La casa está en orden”, fue otra de sus célebres frases, que años después confesaría la dijo para evitar un “desborde social”.

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La groupie, desencantada

22 05 2008

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“Sos frío. No tenés corazón. Estás acostumbrado a que no te mimen”, así empezó el sermón final de la groupie. “Fue sin querer. Disculpame. Pero soy así”, le dije. Y entre lágrimas, abrazos y tibios besos en la mejilla, nos despedimos.

Así terminó mi fugaz semana con la groupie. Fue una semana intensa. Saliendo de la facultad para meterme toda la noche en el departamento de su amiga. Corriendo de acá para allá para poder verla.

No puedo decir que no tenga razón. De hecho, no le pude decir nada más que “disculpame”. Salvo por lo de que no tengo corazón, tiene razón en todo. Corazón tengo, sí. Grande y, a riesgo de pecar de vanidoso, hasta bondadoso. Por ahí no aflora con mucha frecuencia. O tanto como quisiera. Pero sí: definitivamente está.

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Perdiendo a Cecilia

10 05 2008

Sentados en esa cafetería en Recoleta. Qué sensación más rara. Vos, un café con leche; yo, un exprimido de naranja. Es la primera vez que siento fehacientemente como se me escurren entre los dedos las chances de salir con una mujer, en vivo y en directo. Sin mail. Sin msn. Sin nada de por medio salvo la mesa del Café Mónaco, en los Village Recoleta. Fue una sensación impresionante de impotencia, realmente. Porque sabía que te estaba perdiendo antes de tenerte, y  no pude hacer nada. NADA. Es raro eso de “perderte sin tenerte”, porque pensaba que no se puede perder algo que no se tiene. Pero créanme que sí se puede.

Como un piloto que sigue de largo en una curva, y sabe que el choque contra el muro de contención es inevitable. Así fue como me sentía. Como ese equipo que sabe que es inevitable irse al descenso. Tan inevitable como que una fruta se marchite. Tan inevitable como que aparezca la celulitis en ese cuerpo que en la secundaria me dejaba sin aliento. O como que a mi gato le dé hambre cuando me ve comer a mí. Tan inevitable como todo eso junto.

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