Las horas previas al encuentro

21 09 2009

Faltan 12 horas para que Pablo y Nadia se vean. Los dos acordaron, con ganas, volverse a ver. Hace año y medio que ninguno de los dos sabe absolutamente nada acerca de la vida del otro. Nadia es fría. Exterioriza una mayor frialdad para con Pablo, quien supo ser su buen amigo y compañero de la vida. Pablo, emocional, no puede evitar soltar una lágrima cuando corta la llamada telefónica que le confirmaría el encuentro con ella. Con la mujer que lo puede. Con esa “kriptonita” que cada Superman tiene. Ese Talón de Aquiles, capaz de bajarlo de ese pedestal en el que él cree estar, hasta que llega ella. Ahí lo baja y lo pone a la altura de cualquier otro mortal del planeta. A pesar de esas lágrimas de alegría por volver a saber algo sobre Nadia, Pablo está triste. Una gran tristeza lo invade.

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Para entender bien… de izquierda a derecha

17 06 2008

Hoy leí esto en un comentario en La Nación, y lo quería compartir con ustedes, porque me parece de interés en este momento que vive la Argentina. No tiene mucho sentido, me parece, que opine al respecto porque hay muchas cosas que decir y, lamentablemente, no son muy lindas. Les dejo esto para que lo lean y comenten. Saludos!

Una universitaria cursaba el sexto semestre de sus estudios. La chica pensaba que era de izquierda y estaba a favor de la distribución de la riqueza (que aun ella no había logrado). Tenía vergüenza de que su padre fuera de derecha y se opusiera a los programas socialistas. Sus profesores le habían asegurado que la de su papá era una filosofía equivocada. Por lo anterior, un día se decidió a enfrentar a su padre. Le habló del materialismo histórico y la dialéctica de Marx, tratando de hacerle ver cuán equivocado estaba al defender un sistema tan injusto. En eso, como queriendo hablar de otra cosa, su padre le preguntó:
- ¿Cómo van las clases?
- Van bien -respondió la estudiante.- Tengo promedio de notas de 9. Me cuesta mucho trabajo, no tengo vida social y duermo poco, pero lo logro.

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Primera clase del semestre

19 03 2008

Salgo de la oficina, corriendo para llegar a tiempo. No me alcanza. Llego 15 minutos tarde. Entro. Es más chica que la cocina de mi casa. Bastante más chica. Seremos cerca de 25. Máximo 30. Más el profesor y sus 3 ayudantes. Estoy sumamente preocupado por el calor que hace acá adentro. Si afuera está haciendo 29 ºC, acá debe estar haciendo unos 42º. Sin exagerar. No hay viento. La humedad pega las fosas nasales. ¿En este antro voy a tener que pasar mis días hasta fines de Junio? Es el confinamiento en su máxima expresión. Cuando hablan de hacinamiento, de superpoblación carcelaria, deben estar hablando de esto. Tranquilamente podrían estar hablando de cómo se dan clases en la UBA. 30 personas encerradas entre 4 paredes que le dan al aula una dimensión máxima de 6 x 3 mts. Sin ventanas. Sin aire acondicionado. Ni siquiera un ventilador de techo. Nuestra única opción para seguir respirando es dejar la puerta abierta (y digo “la” porque la otra mitad está atorada con algo). Seguí leyendo acá